13 octubre, 2017

Invirtiendo en seguridad alimentaria y desarrollo rural

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La migración debería de ser una opción, pero esto no es así para aquellas personas que se ven obligadas a huir de su país por la falta de alimentos. Por desgracia, año tras año este número de personas va en aumento y esto es lo que pretende enfatizar la FAO en el Día Internacional de la Alimentación bajo el lema “Cambiar el futuro de la migración. Invertir en seguridad alimentaria y desarrollo rural”.

     Son múltiples las razones por las que existe el hambre, y la desnutrición sigue afectando a más de 795 personas en el mundo -1 de cada 9-. Entre otras los fenómenos meteorológicos que han sucedido en los últimos años han sido una de las causas principales ya que han tenido impacto sobre territorios desmontando y destrozando campos de cultivo y múltiples recursos naturales de los que disponía muchísima población. Asimismo, los conflictos bélicos que se han producido también han contribuido a la destrucción de territorios que ha aumentado el estado de pobreza, haciendo que la población se vea obligada a huir para poder alimentarse.

     Todas estas causas hacen peligrar el compromiso internacional de erradicar el hambre y la malnutrición para el año 2030. Agencias de la ONU, OMS y UNICEF uniéndose al FIDA y al PMA bajo la dirección de la FAO afirman continuamente que hay que demostrar la importancia de la seguridad alimentaria, la nutrición y la soberanía alimentaria. No basta con conseguir alimentar a las comunidades, sino que hay que lograr educar a través de un sistema que permita que la comunidad se convierta en autónoma, y esto solo se logra a través del desarrollo rural.

     Desde la ONG Nutrición Sin Fronteras llevamos más de 10 años trabajando en la erradicación de la malnutrición y la desigualdad alimentaria, por ello llevamos a cabo proyectos donde uno de los objetivos principales es fortalecer la seguridad alimentaria materno-infantil y apoyar el desarrollo agropecuario a través de huertos comunitarios.

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     Uno de los proyectos que ocupa un lugar prioritario en el plan estratégico de Nutrición Sin Fronteras se lleva a cabo en Gambia, concretamente en las regiones de Basse y Soma, dos de las más pobres del país y que presentan un índice de mortalidad infantil muy elevado. A través del proyecto hemos construido dos Centro de Recuperación y Educación Nutricional (CREN) donde se criba a los niños y niñas para identificar a aquellos/as que sufren desnutrición aguda severa y así poder darles una segunda oportunidad. Solo en el año 2016, gracias a este proyecto 690 niños y niñas han sido tratados en los CREN.

     Otro de los ejes de actuación en el proyecto es la formación tanto del personal sanitario local como de la propia comunidad -sobre todo a madres-, de esta forma el año pasado Nutrición Sin Fronteras formó a más de 6.000 personas para fomentar la autonomía de las comunidades en materia de seguridad alimentaria.

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     Por último, Nutrición sin Fronteras cree que el fin del hambre radica en el poder de la soberanía alimentaria. Por ello una parte del proyecto en Gambia se centra en la asistencia a los 26 huertos comunitarios que hemos creado promocionando cultivos sostenibles e incentivando y formando a la población.

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